Era sábado, creo que era sábado.Lo que sí recuerdo es que la pereza me había invadido como también lo había hecho la resaca. Por eso creo que era sábado. Sólo podía pensar en la gran tarde de sofá que me iba a pegar: una peli y un helado ¿puede haber mejor combinación? entonces el teléfono sonó ¡Mierda! Tenía que ir.
Recuerdo que ande, ande y ande, a parte de quejarme(típico en mí) y también recuerdo el frío que recorría todo mi cuerpo. Pero sobre todo, andé. Número 51, número 53, número 55 y, cuando creí que me congelaba, llegué. El número 57. No estaba nerviosa. Ya lo había hecho un montón de veces.Una chica joven, María, me indicó el baño mientras me explicaba que iba a ser una sorpresa. Seguía sin estar nerviosa, total, ya lo había hecho otras muchas veces. El baño estaba impecable, blanco, con un espejo enorme totalmente iluminado. En un asiento que había junto a él, dejé la maleta.Lo primero que saqué fue los pantalones,azules, grandes. los pantalones más cómodos del mundo. Segundo, la camiseta, de rayas, Seguido de los tirantes, verdes.
Saqué el maquillaje. Un rayajo por aquí, otro por allá. Lo importante era que se divirtierse ¿no?, me puse los zapatones y, por último la nariz, roja. y esto último es lo que realmente me hacía estar guapa, como dice mi hermana "¿quién no puede estar guapo con una nariz de payaso?". Y por un segundo, recuerdo que fue un segundo, me quede mirandome al espejo "¡que ridícula!". María me esperaba y me acompañó hasta la habitación. "Se llama Irene".Llegamos, la 518. Suspiré."si necesitas algo, ya sabes donde encontrarme", sonreí. Ante la puerta, la 518, el calor me recorrió, como si ya supusiera lo que me aguardaba trás ella. Respiré. Entonces la abrí, y mis ojos tampoco podían abrirse más. Era la niña más guapa que he visto jamás.Irene tenía los ojos grandes, de un color gris, con los que te miraba y te convertía en niña otra vez. Me dijo que ella también tenía el pelo pelirrojo, aunque yo no lo pude ver. Recuerdo que desde ese momento, el momento en el Irene me miró, dudé si la sorpresa era yo, o más bien era para mí.
Jugamos a todos los juegos posibles, nos reímos hasta que nos dolía la barriga. Nos imaginamos los mundos más maravillosos donde, durante pocas horas, vivimos las dos. Comimos una tarta de chocolate deliciosa, recuerdo que era deliciosa. Todavía cuando me concentro puedo saborearla."Mmmmm...." ahora lo estoy haciendo. Y entonces se quedó mirando mi nariz, roja y en un "descuido" me la "quitó".
Recuerdo ese último momento, el momento en el que tenía que volver, volver a mi casa pero antes, antes de cruzar la puerta miré hacia atrás para mirarla otra vez y estaba más guapa que la vez primera. Me gritó "¿Volveré a verte?" Respiro. Suspiro.
Yo le regalé mi nariz de payaso. Ella me regalo muchos días "cualquiera".
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